PROTOCOLO SOCIAL DESDE LA INFANCIA
Les planteo una situación; una pareja tiene un niño y ante la necesidad profesional, ya sea por acomodamiento monetario o social, se plantean dejarlo al cuidado de abuelos o cuidadores en buena parte del día.
El caso es bien común desde hace años, puesto que los vigentes modelos sociales, sacrifican la vida familiar a favor de la laboral.
Éste niño iría al colegio dónde comenzaría a relacionarse en sociedad y necesitaría conocer las fórmulas que se imponen para manejarse: como saludar a otros, como dirigirse a compañeros y profesores, como pedir las cosas, observará como es adecuado ir vestido… Las primeras nociones de protocolo social que cualquiera adquirimos. Pero, ¿Quién debe enseñárselas? ¿Quién ha de introducir las fórmulas gracias, por favor… o palabras como respeto, tolerancia, saber estar… en sus vocabularios?
Lo más fácil es responder: “-Los padres”, pero si analizamos sus circunstancias nos daremos cuenta que, aunque todos los padres se preocupan por la educación de sus hijos, y por lograr que tengan un comportamiento correcto, no siempre disponen del tiempo necesario para lograrlo, teniendo que delegar en otras personas parte de esta formación de sus hijos.
Si miramos hacia la docencia, existen algunos profesores que reivindican que su labor principal no es educar, sino enseñar y transmitir sus conocimientos a los niños. Defienden que ciertos comportamientos deben ser adquiridos en el entorno familiar, y ellos limitarse a corregir o reforzar aquellas conductas adecuadas… que en sus horas lectivas han de primar los temarios.
Entonces, si ambas partes reconocen que no pueden dedicar todo el esfuerzo requerido, me planteo si existen lagunas en la enseñanza de comportamiento social y buenas maneras desde la infancia…
Lo cierto, que lo primero que me viene a la cabeza, es que, ya hoy en día la falta de educación social es visible, por llegar al punto que las instituciones han tenido que imponer sanciones a quienes tiran chicles o cáscaras de pipas al suelo, molestan o hacen ruido a horas impropias…
Medidas que son menos resolutivas a medio/largo plazo que el formar a nuestros pequeños en urbanidad y que esas acciones, se conviertan en impensables para ellos el día de mañana.
Así que elevando el tema a un siguiente plano, ¿Tiene la sociedad actual un correcto conocimiento y uso del protocolo social?, ¿Se transmite la importancia de su uso a los niños?
Yo tengo la sensación que no, siempre salvando grandes excepciones, pero no hay más que ver las noticias dónde con bastante regularidad se ofrecen noticias de menores que faltan el respeto a sus profesores, que agreden a los compañeros más débiles o incluso a sus propios padres… hasta tienen nombre propio, la generación NI-NI.
Basta tomar como ejemplo un “Reallity” televisivo para ver como se comportan personas comunes en su día a día, a fin de cuentas es una representación de la sociedad actual…
Otro dato que me resulta entre curioso y llamativo, es que surjan grupos en las redes sociales “Para los que todavía decimos por favor, permiso y gracias…” ¿significará que ya no es tan habitual como pensamos?
Con éste panorama, es fácil que los más pequeños tengan contradicciones… pero deberíamos tener claro que no manejar ciertas pautas desde la infancia puede provocar carencias personales, impidiendo que alguien pueda relacionarse con fluidez por no dominar las fórmulas sociales aceptadas.
Desde luego, sabemos que el manejo de estas doctrinas nos facilita las relaciones personales, teniendo en cuenta que el mayor porcentaje de nuestro tiempo lo pasamos junto a otros.
Siempre se “agradece” que se dirijan a nosotros utilizando las fórmulas de cortesía, que nos traten respetuosamente… que con quien nos relacionamos sea limpio en su higiene y vestimenta, que muestre educación en la mesa, que actúe con naturalidad ante diversas situaciones, que sea discreto… o al menos nadie se molestará por la actuación de quienes así se comporten.
Pero que en un futuro esto siga sucediendo, es cuestión de transmitirlo a los niños, conscientes de la importancia que para su crecimiento personal tiene.
Lo que no debemos hacer es justificar el mal uso del protocolo social o la pérdida de maneras, con modernidad o espontaneidad… alegando que su uso esta trasnochado. Decir esto es la demostración del escaso conocimiento que sobre el tema se dispone, ya que siempre el protocolo social se ha ido adaptando a su tiempo, por suerte no seguimos atando conejos a la pata de la silla para limpiarnos las manos en los banquetes…
Lo que yo planteo, es que aunque la educación en valores de los niños es asunto de sus padres, en educación social y comportamiento, se les puede ayudar desde el entorno y las aulas. Las normas de urbanidad y saber estar son las conocidas por todos, y todos debemos dar ejemplo. No es de extrañar que éstas normas se pierdan, si su uso no esta reflejado en el día a día.
Un primer paso propuesto, es la ley de educación para la ciudadanía, que aunque contiene en parte éstas doctrinas, también acoge otras enseñanzas en las que se abre debate político y se aleja de lo que nos ocupa.
Así que si sabemos que el protocolo social es necesario para la persona, que su conocimiento desde niño es la mejor manera de interiorizarlo en la sociedad y que existen circunstancias en las que eso no esta sucediendo… ¿No les parece que deberíamos reflexionar sobre como poner solución?
Mientras eso sucede, permítanme dos recomendaciones básicas a los pequeños: “no le hagas a nadie lo que no te gusta que a ti te hagan” y “allá dónde fueres, haz lo que vieres”, teniéndolos bien presentes, se acertará en la mayoría de los casos.
Artículo redactado por María Perpiñán, creadora de RedProtocolo.com y publicado en www.RevistaProtocolo.com